Seleccionar página

Como es lógico, en sus inicios los broches surgen de la necesidad de unir, de “abrochar” ciertas prendas entre sí. Hoy en día, los suelen lucir casi exclusivamente las mujeres y desde luego no se emplean para abrochar nada sino como mero complemento.

Los comienzos del broche apuntan a Oriente Medio, donde las clases más pudientes lucían en sus túnicas alfileres de oro adornados con Alta joyería. Pero no fue hasta la Edad Media cuando el broche cobra auténtico protagonismo. Se utilizaba principalmente para cerrar la capa y ya era utilizado en todo el continente. Estos broches representaban animales y estaban realizados en hierro, oro o plata.

Sin embargo, el broche como joya fue introducido por las civilizaciones germánicas, en las que aparecía con multitud de formas. El oro y la plata eran los materiales más habituales y se decoraban con cristales y piedras preciosas para aportar colorido y elegancia.

Dando un gran salto en el tiempo, y ya en el siglo XIX, el broche disminuye de tamaño; con el Modernismo el broche aparece con icono de mujeres simbolistas y naturaleza decadente con motivos como libélulas, insectos, aves…

Durante la Belle Époque y el Art Deco son más esquematizados, montados en platino con diamantes, guirnaldas y flores. A partir de aquí el broche se identifica como símbolo de la mujer moderna. Los broches se colocaban frecuentemente en hombros, cinturones y escote y se incorporan materiales más creativos. 

Después de la Segunda Guerra Mundial aumentan de tamaño por la escasez de las gemas preciosas. 

En nuestros días, el broche es un complemento que expresa elegancia, originalidad o ciertas dosis de excentricidad, siendo en todos los casos una auténtica joya, es más, la joya que pone el broche (valga la redundancia) final a un look perfecto.

Aquí te ofrecemos una selección de lo último en broches, sin olvidarnos de las piezas históricas que han marcado la historia de esta distinguida joya.